Las Calas de Alcossebre.
La Serra d’Irta y las Calas de Alcossebre constituyen un auténtico santuario costero, el cual fue declarado Parque Natural y Reserva Marina en el año 2002. Os proponemos este espectacular recorrido lineal de unos 13 kilómetros junto al mar más protegido y virgen de toda la provincia de Castellón, iniciando la marcha en Alcossebre hasta alcanzar las cercanías de la histórica ciudad de Peñíscola.
Durante la ruta, atravesaremos rincones de una belleza salvaje que resultan ideales para el baño. Entre ellos destacan la Platja de les Fonts, conocida por sus espectaculares manantiales de agua dulce que brotan directamente desde la misma arena del fondo marino, así como la Cala Blanca y la Cala Mundina, que sobresalen por sus rocas calcáreas de tonalidades blanquecinas. Continuaremos junto a la Platja Serradal y la Cala Ribamar, además de recorrer los imponentes cauces del Barranc de Manyes y del Barranc de la Font de la Parra.
Tampoco nos olvidaremos de la recóndita Cala Argilaga o la la Platja de la Basseta, la Platja del Barranc d’Irta y, especialmente, la Platja del Pebret y la Platja del Russo. Estas últimas reciben sus nombres por la antigua presencia de vegetación de pimiento silvestre y por ser viejos refugios de pescadores y contrabandistas que se escondían en este litoral tan accidentado. Completaremos la lista con la Platja d’Ull de Bou, la Cala Volante y la Cala l’Arjub.
En tres de estas fantásticas calas de conchas marinas blancas, finas arenas o cantos rodados, haremos paradas estratégicas para sumergirnos en sus aguas cristalinas, disfrutando de la combinación entre el esfuerzo de la caminata y el relax del baño salado.
Recuerda en la mochila traer el almuerzo, la comida de mediodía, alguna pieza de fruta fresca y un mínimo de dos litros de agua. Calzado adecuado de trekking para no resbalar en las sendas de piedra, el bañador con su respectiva toalla, chanclas cómodas, una gorra, gafas de sol, crema solar de alta protección y si te apetece las gafas con tubo para hacer snorkel.
Su topónimo, Irta, tiene un origen íbero y protovasco que significa literalmente “cortes en el agua”, haciendo clara alusión a los imponentes acantilados que caen de forma abrupta hacia el mar. Allí destaca majestuosa la silueta de la Torre Badum, construida originalmente en el año 1554 a casi cien metros de altura sobre el nivel del mar. Esta atalaya fue diseñada con una arquitectura militar muy peculiar al no poseer ninguna puerta a ras de suelo, lo que obligaba a los antiguos vigilantes a entrar por una ventana elevada mediante una escalera de cuerda que retiraban inmediatamente para defenderse. Su misión era vital frente a los ataques de los piratas berberiscos y sarracenos que asolaban estas costas valencianas: debían vigilar el horizonte marino y avisar rápidamente al Castillo de Peñíscola mediante un código de señales de humo durante el día y hogueras durante la noche.
No hace falta viajar a un lugar lejano para descubrir las mayores maravillas de la naturaleza. En este trocito del litoral castellonense caminaremos y nos bañaremos, recordando aquellas palabras que cantaba Víctor Jara: “Voy soñando, voy caminando, en la arena dejo mis huellas, y el mar me las va borrando”.